Si tu veux réussir un jour,
T'es mieux de t'entraîner
À recevoir des coups,
Parce qu'en haut
C'est comme ça
que ça roule
dans l'nord
Michel Pagliaro
Cuando estaba en el colegio primario teníamos que ir una hora por semana a leer a la biblioteca. Era una especie de taller que formaba parte del curso de lengua y literatura. Cada alumno elegía un libro que deseaba leer y al final de cada bimestre se presentaba un ensayo con su respectiva exposición. En ese tiempo mi mamá tenía por costumbre hacernos leer en casa, a mis hermanas y a mí, todos los martes un par de horas. Recuerdo que casi siempre eran libros infantiles, que por cierto nunca me llegaron a gustar. Yo prefería las tiras cómicas del diario y las historietas que compraba con mis propinas. En el taller elegía libros que ya había leído y así me evitaba una hora de aburrida lectura. Lo que hacía durante esa hora era sentarme con el libro abierto en las manos y colocaba delante de él una revista de historietas y me ahorraba la tortura del dichoso taller. Un día olvidé por completo la historieta y al notar mi error y para evitar leer de nuevo aquel bendito libro, creo que en esa ocasión era “Corazón” de Edmundo De Amicis, tomé del estante un libro que me llamó la atención por la fotografía en la portada. Era un tipo con los ojos muy abiertos y un fino bigote que sobresalía a ambos lados de su rostro como alambres en punta. El libro decía simplemente “Dalí” Nunca antes había visto un cuadro surrealista y no sabía quien era ese tipo con cara de loco, pero había algo en esos cuadros que me dejaron hipnotizado. Recuerdo un cuadro en particular: Un niño desnudo con un caracol en la mano levantado el mar como si fuese una sabana y mirando debajo de él a un perro durmiendo. Por mi estado catatónico la profesora se dio cuenta de lo que estaba haciendo, me quitaron el libro de Dalí y durantes los siguientes talleres fui vigilado constantemente para evitar engañarlos de nuevo. Aquel cuadro por más insignificante que pareciera habría de sembrar en mí una inquietud que aún hasta hoy me persigue.
Sea Shade Dog (1950) Oil on canvas, 80 x 99 cm. Comte Francois de Vallombreuse Collection, Paris.
Muchos años después cuando ya había terminado la carrera en la universidad y entre mis planes se conjuraba la idea de irme a Paris a volverme bohemio y escritor, en ese orden precisamente, y vivir en carne propia aquel maravilloso libro de Ernest Hemingway “Paris Era una fiesta” (A Moveable Feast, 1964) me encontraba sentado en el lobby de la embajada de Francia esperando hablar con un consejero en inmigración mientras ojeaba uno de los catálogos de las universidades parisinas cuando el muchacho sentado a mi lado me pregunta: ¿ya sabes a que universidad postulas? – No tengo la mas mínima idea, respondí - Solo quiero conocer Paris y pasearme por Europa. Fue entonces que el muchacho desplegó todos sus años de averiguaciones, consultas e intentos para poder conseguir una visa de estudiante y becas en cualquier país europeo. Cada proceso, el tiempo que te toma, las exigencias económicas, legales y de lenguaje. Francia, España, Italia, Holanda, Bélgica, solo escucharlo me dejaba totalmente exhausto al punto de abandonar cualquier idea de salir. Si sabes francés y no te importa el frío, una buena opción es Canadá, dijo, en aquel momento se me vino el recuerdo del colegio, aquellas clases de religión con las monjas ursulinas canadienses y sus interminables charlas sobre María de la Encarnación y su vida en Québec. Minutos mas tarde, aquel consejero de inmigración me explicó en buenas maneras que Paris dejó de ser una fiesta hace mucho tiempo, que el Perú ya tiene a Vargas Llosa, Ribeyro, Bryce entre otros y que ya cumplió con su cuota de escritores peruanos hechos en Paris. De regreso a casa caminando por la avenida Arequipa aquella idea de Canadá y más bien dicho Québec iba dando vueltas en mi cabeza. Antes de llegar al óvalo de Miraflores vi la calle Libertadores donde se encontraba la embajada de Canadá, era temprano aún y decidí echar una ojeada a los requisitos de inmigración.
Años después llegué a la ciudad de Québec, eran los primeros días de junio. Recuerdo que aquel verano fue muy húmedo. Cada vez que investigué sobre Québec siempre hacían hincapié del crudo invierno pero nadie jamás me advirtió sobre el verano que, en algunos casos, puede llegar a ser tan sofocante con temperaturas de sensación de calor de casi cuarenta grados centígrados. Durante los diez meses que viví en aquella ciudad me inscribí en cursos de francés en la universidad, traté de adaptarme a una nueva forma de vida, hice amigos y trabajé en una tienda a medio tiempo. En Lima había terminado los cursos de la Alianza Francesa pero al llegar allá me di cuenta que era necesario afinar el oído al acento québécois y, sobre todo, entender las palabras y jergas locales para poder adaptarse mas fácilmente. Compartía un apartamento con un colombiano a quien conocía solo por referencia de una amiga peruana y quien se convertiría tiempo después en el primero de los tantos amigos que hice por esas frías tierras. Llegar a la universidad me tomaba unos cuarenta y cinco minutos en bus (no hay servicio de metro en Québec). Mi primer invierno lo pasé ahí. La nieve llegó en octubre y no se fue hasta finales de abril. Cuando escuchaba decir que la temperatura podía llegar a menos cuarenta recuerdo haberle preguntado a este amigo colombiano que se sentía, sabia que llevaba viviendo allí ya algunos años y jamás olvidare aquella respuesta que me dió: Mire hermano –dijo- eso no se puede explicar, tiene que vivirlo para saber lo que realmente se siente. Los menos cuarenta me agarró de regreso de la universidad al apartamento, durante el recorrido de diez minutos del paradero del bus. El viento muy fuerte ya desde la tarde hacia prever que una tormenta se avecinaba. Mientras caminaba sentía el viento helado sobre el rostro y no podía ver bien. Empecé a lagrimear y me quedé totalmente sorprendido cuando sentí que las lagrimas se hacían hielo en mis mejillas. Ya en el apartamento después de recuperar el aire y entrar en calor, mientras me sacaba las botas, la gorra, la bufanda y el abrigo de invierno pensaba: Esto es inhumano, este es otro planeta, que diablos hago acá. Aquella noche recibí una llamada de mi papá en Lima. Estamos pasando la semana en la playa porque finalmente a tu mamá le dieron las vacaciones, ¿ya sabes si vienes finalmente por navidad, hijo?. No creo Viejo, se me complican las cosas con las clases y la chamba, saludos por casa a todos y no se preocupen la estoy pasando bacán, esto es toda una experiencia. Colgué y me metí a bañar. Esa noche soñé con sol, arena, mar, una cerveza helada y un ceviche de cojinova.
La ciudad de Québec me ayudó a entender un poco la mentalidad del québécois. El porque de su nacionalismo, la idea de la soberanidad, las razones del Partido Québécois que siempre lucha por un referéndum para conseguir su ansiada independencia, la defensa de la lengua francesa y la ley 101, su defensa al derecho de tener una vida digna, el porque se juega mucho a la lotería, porque se bebe y fuma demasiado, el porque todas sus lisuras tengan connotaciones religiosas y el porque sus impuestos son los mas altos de todo Norteamérica, entre otras cosas. En conclusión, le debo a esa ciudad una clase avanzada de inmersión en la cultura Québécois. Aunque minutos antes de mudarme a Montreal mientras subía al auto me dijeron: Sabes una cosa, Québec no es Montreal. Montreal es otro mundo. Las casi tres horas de recorrido que tuve que manejar me las pase pensando en aquello que acaba de escuchar.
Mi destino final siempre fue la ciudad de Montreal. Eso lo tenía claro desde un principio, pero advertido que era necesario ser bilingüe para conseguir un trabajo, me permití esos diez meses en Québec para mejorar el francés, en ingles me defendía bien. Montreal, la ciudad donde viví por más de cinco años, dicen que es la ciudad más europea de América, aunque lo más atrayente de esta ciudad es esa mezcla perfecta entre lo europeo y lo norteamericano. La arquitectura es increíble. En una misma calle puedes ver un edificio moderno seguido de una construcción bastante antigua. El hecho de ser una ciudad totalmente bilingüe la hace aun más atrayente. La multiculturalidad le da un pincelazo que lo convierte en algo sumamente interesante. Basta darse una vuelta por los diferentes barrios de Montreal para corroborar esto.
Llegué a Montreal en julio. Conseguí un pequeño apartamento en el centro de la ciudad cerca de la Universidad McGill. El lugar es conocido como el Ghetto (suena algo peyorativo pero aún lo llaman así) debido que antiguamente muchos exiliados judíos vivieron aquí, por cierto Montreal es la tercera ciudad en el mundo donde viven sobrevivientes del holocausto. Conocer una ciudad en verano es lo mejor que uno puede hacer, sobre todo cuando esta atardeciendo, el calor no es sofocante y la brisa refresca al caminar. Yo no tenía aire acondicionado en el apartamento por lo que prefería salir a recorrer la ciudad a quedarme sancochándome en el apartamento. Recuerdo que aquel primer mes estaba enfocado en encontrar trabajo durante el día y por la tarde-noche descubría esta ciudad. Encontrar bares con diferentes tipo de música en vivo, cafés, restaurantes, pequeñas boutiques donde comprar cosas curiosas, tiendas de moda, cines, teatros, calles, construcciones que me atraían por su simple belleza, en general, descubrir toda esta interesante ciudad era toda una experiencia.
Encontrar trabajo en Montreal es algo bastante complicado. No solo por el hecho que el mercado no es tan grande como lo puede ser en Toronto y además que esta bastante saturado, si no porque para un inmigrante hay muchos factores en contra. Lo primero es que dependiendo del trabajo que uno debe realizar se debe ser bilingüe. Hecho que afecta aún más si se esta compitiendo con gente nativa que maneja casi a la perfección ambos idiomas. Segundo que la experiencia que uno trae de sus países ayuda poco o casi nada. Eso que se escucha mucho sobre la experiencia canadiense es muy importante pero para poder obtenerla, digamos en una empresa importante o en algo relacionado a lo que uno quiere desarrollar, es algo difícil pero no imposible de lograr. Estudiar aquí, en comparación a otras provincias de Canadá, es bastante económico. Los precios son asequibles e incluso existe el pret-bourse, que es una suerte de préstamo y beca que ofrece la provincia de Québec a sus residentes. Lo importante si uno decide estudiar es tener bien en claro que carrera o estudios técnicos seguir, analizar las carreras en demanda para poder así aprovechar los puestos disponibles una vez terminado los estudios, lo menos que uno quiere es terminar de estudiar y no conseguir trabajo y encima endeudado. Conozco mucha gente que incluso después de estudiar no consiguieron trabajo en su campo de profesión y terminaron trabajando en cosas totalmente diferentes.
Trabajé en dos distintas compañías por casi cinco años, antes de mudarme a Florida, por amor y claro esta en busca del sol. Lo curioso de ambos trabajos era que cada oficina parecía ser un salón de conferencia de las naciones unidas. No miento cuando digo que en el tiempo que trabajé lo hice con gente ya sea nacida o de padres de diferentes partes del mundo. Para ser preciso en el último trabajo que estuve, hubo un concurso a nivel mundial (era una naviera alemana que esta basada en Hamburgo pero que tiene oficinas en todo el mundo) y estaban tratando de buscar la oficina mas multicultural. La oficina de Montreal ganó por tener entre sus trabajadores personas de 41 países diferentes, seguida por la oficina de Piscataway en Estados Unidos y de Sydney en Australia.
Lo mas difícil de vivir fuera, es que al comienzo se desarrolla un sentimiento de no pertenencia y es ahí donde uno empieza a extrañar todo. Aquel proceso de adaptación es bastante complicado. El tener que sacrificar muchas cosas, más aún si se esta solo. Comerse días de tristeza, mientras extrañas familia y amigos, días enfermos donde no hay nadie a quien pedirle que nos haga una sopita de pollo o nos alcance los remedios a la cama, días donde sientes que no puedes mas, ahorcado por problemas de dinero, sentimentales, incluso aturdido por problemas de identidad, racismo, discriminación, en fin, pero eventualmente uno va a acostumbrándose a esta nueva vida, luego de un tiempo las cosas poco a poco van tomando un matiz diferente. No creo que exista tal cosa como una vocación de inmigrante como escuche decir alguna vez; sea cual fuere la razón por la que uno decide inmigrar: falta de empleo, de oportunidades, necesidad de mantener una familia, causas políticas, mejorar la calidad de vida o simplemente el deseo de tener la experiencia de vivir en otro país, una persona simplemente permanece viviendo fuera de su país porque esta nueva vida le parece mejor, a lo que sus estándares y gustos propios se refiere claro esta.
No puedo negar que Canadá y las ciudades donde viví allí me gustaron, unas menos que otras pero en general me gustó la experiencia, el frío invernal, el hacer amigos del todo el mundo y vivir hablando en inglés con subtítulos en francés y pensando todo el tiempo en español. Cuando amigos me preguntan que me animo a salir de mi país, yo siempre digo: quería ver que había mas allá del muro, descubrir nuevas cosas y aunque suene muy surrealista seguir encontrando perros durmiendo bajo el mar.

Extraordinaria manera de retomar la escritura , simplemente me quede pegado al relato...( y eso que no leo mucho en internet ), me gustaría tener siquiera una pizca de tu talento para escribir...
ResponderEliminarUn abrazo fuerte !
Morfi
Yuri! que honor hacer parte de la primera edición, gracias por evitar las cosas malas.
ResponderEliminarA ver si en las proximas ediciones puedo encontrar respuesta a dos dudas que me quedaron de Lima: por qué hace frío de noche y por qué no hay casi motos...
un abrazo,
Paco, que falta de confianza con lo de la sopita de pollo...; al menos ahora te hubiera podido recomendar the Chicken Rice Soup de St-H que tanto le gusta a Marco... Gracias por enviarme el link..., y gracias por hacerme re_descubrir Montreal y el gusto por la lectura...
ResponderEliminarÀ la prochaine,
Gaby
gracias Morfi, todos contamos historias, las tuyas son graficas, sabes bien que soy un admirador ferviente de tu trabajo.
ResponderEliminargracias Gustavo, Lima es una mujer complicada, ya lo discutiremos con un vino de por medio.
ResponderEliminarde nada gaby, concuerdo con marco sobre la sopa de pollo de St. Hubert es muy rica.
ResponderEliminarJoder!!!!!PACO!!!!!! esta buenisimo sigue con ese que es lo tuyo...y.....porque Paco ? No eran raíces irlandesas las que tenias?donde quedo Mr O'Red!
ResponderEliminargracias ale, porque Paco? pues asi me llaman todos en mi casa y es por el cuento de Cesar Vallejo, Paco Yunque.
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